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miércoles, 4 de abril de 2018

El 75% de los adolescentes ha sufrido malas experiencias en redes sociales


Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el 93,6% de los niños de entre 10 y 15 años utiliza Internet y el 90,9% dispone de teléfono móvil, un porcentaje que se eleva hasta el 98,3% a partir de los 16 años. En este contexto, el acceso a las redes sociales es una de sus actividades preferidas. A medida que los niños entran en la adolescencia, la faceta social toma mayor relevancia y las redes sociales juegan un papel importante en la construcción de su identidad, su estilo de vida y la relación con sus iguales.

Esta rápida incorporación a internet y las redes sociales origina al mismo tiempo una desconfianza y preocupación entre padres, educadores y la sociedad en general. Entre los principales riesgos a los que se enfrentan los jóvenes se encuentra el uso abusivo de la web, el contacto con personas desconocidas, el acoso (cyberbullying) o el acceso a contenidos de carácter violento, racista o sexual. Además, se observa que algunas prácticas y conductas no apropiadas, como la agresión verbal repetida, un uso no adecuado de información personal, la suplantación de identidad, la difusión de fotos sin autorización, el acoso sexual o los daños a la reputación, están normalizadas en los grupos de adolescentes en redes sociales.

Así lo apuntan las investigadoras de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación de la Universidad de Valladolid (UVa) en el Campus de Segovia Belinda de Frutos Torres y Mercedes Marcos Santos, quienes han realizado un estudio con el fin de determinar la relación entre las experiencias vividas en las redes sociales y la percepción de riesgo en este entorno e identificar el perfil de las conductas de riesgo. Para ello, aplicaron un cuestionario a una muestra de 370 alumnos de tercero y cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) procedentes de cuatro centros de Segovia seleccionados al azar, dos centros públicos y dos centros privados-concertados. De ellos, tan solo el 4,3 por ciento indicó carecer de cuentas en redes sociales. Entre los que sí disponían de cuentas, el 49,2% aseguró estar presente en entre dos y tres redes sociales, e incluso el 18,9% declaró estar suscrito a cinco o más. El 66,1% afirmó mantener una práctica segura, como es mantener el perfil privado para que sólo puedan verlo sus amigos. En cambio, un 16,4 por ciento dijo tenerlo abierto a cualquier persona. Además, el 7,3% tenía visible su dirección, el 17,8% el número de teléfono y el 51,1% el centro de estudios. Asimismo, la opinión sobre el control de los contenidos que suben a las redes fue bastante optimista: su valoración media se situó en 3,82 puntos sobre una escala de cinco.

Por otro lado, la encuesta apunta que los jóvenes se enfrentan a diario con situaciones desagradables. Tres de cada cuatro adolescentes han sufrido algún tipo de experiencia negativa en redes sociales. Sin embargo, los menores no las perciben como sitios con riesgo.

En cuanto al perfil asociado a prácticas de riesgo en redes sociales, un estilo de navegación exploratorio, el número de cuentas abiertas y la gratificación social recibida a través de las redes sociales son las variables relacionadas con una mayor probabilidad de incurrir en este tipo de conductas.

“Por una parte, se constata que los menores están viviendo experiencias negativas en las redes sociales. Es una especie de agresividad de perfil bajo, no son incidentes que podrían constituir delito, pero están presentes de forma constante”, detalla Belinda de Frutos, quien subraya que lo que ocurre con estas agresiones de perfil bajo “es que se están normalizando, es decir, se considera lo normal en la actividad de las redes sociales”.

Por otra parte, añade, esperaban que los menores que han sufrido más incidentes de este tipo “tuvieran un comportamiento algo distinto en las redes sociales, es decir, que la experiencia hubiera servido de aprendizaje sobre todo en su percepción de las redes sociales como un elemento de riesgo”.

Sin embargo, encontraron “que no había relación, la percepción de riesgo era independiente de las experiencias sufridas”. Por ello, plantean que las gratificaciones inmediatas que reciben de las redes sociales “son las que constituyen un refuerzo a su comportamiento, al margen de las experiencias negativas”.

En este marco, las investigadoras proponen una serie de acciones preventivas. “La prevención sobre los riesgos no tiene mucho sentido que se haga a través de las fuerzas de seguridad del estado hablando de los delitos que se cometen en las redes sociales, ya que este mensaje esta fuera de su esfera de influencia.
Creemos que sería más fructífero que se trabajara sobre la normalización de las agresiones en los grupos de redes sociales, estableciendo una discusión entre iguales sobre lo que les parece mal en las redes sociales, sobre estos incidentes, de modo que no se dé por hecho como algo normal”, concluye.


El trabajo formaba parte de un proyecto de investigación más amplio centrado en la importancia de las habilidades críticas en el uso de Internet y de los medios interactivos en general. Además, Mercedes Marcos está ultimando su tesis doctoral en torno al papel que tienen las marcas comerciales en la configuración de la identidad de los menores en las redes sociales.

Los mitos románticos pueden generar violencia de género en los jóvenes


Investigadores de las facultades de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada (UGR) advierten del peligro que conlleva la aceptación de determinados mitos románticos entre los jóvenes, y cómo estos pueden dar lugar a casos de violencia de género.
El estudio evalúa la interiorización de los falsos mitos del amor romántico en jóvenes de edades comprendidas entre 18 y 35 años. Así, según una encuesta realizada a 153 jóvenes de dichas edades, alrededor del 70% de ellos cree que “el amor lo puede todo”, “sólo existe una media naranja para mí” y “el amor es ciego”, lo que refleja que estos mitos románticos están muy arraigados entre los jóvenes.
Además, sólo el 13,7% de los participantes cree que se puede llegar a ser feliz sin tener una relación, frente a un 86,3% que opina que no se puede ser feliz sin pareja.
El profesor del departamento de Psicología Social de la UGR José Miguel García Ramírez, que dirige este proyecto de investigación advierte que “el principal problema es que estos mitos se consolidan entre las mujeres y a la misma vez se potencia en los hombres”.
La mayoría de los mitos románticos relegan a la mujer a un plano secundario en el que el hombre tiene el deber de protegerla o someterla. Estas creencias también otorgan a la mujer características como la paciencia, la dulzura, la comprensión y el rol de cuidadora en la familia, a la vez que al hombre se le asigna el deber de proteger y mantener a la familia, la agresividad, la valentía y la valía en el trabajo.
Según este estudio apoyado en encuestas, los falsos mitos del amor romántico promocionan el machismo y pueden llegar incluso a generar casos de violencia de género. Para García Ramírez, “se debe atajar el arraigo de esta serie de mitos desde la raíz, con campañas de sensibilización que eviten estas situaciones y eduquen en valores contrarios a ellos”.
La investigación demuestra cómo dichos mitos se aceptan entre la población joven, precisamente aquella en la que están aumentando los casos de violencia de género.
“El amor es algo diferente basado en la igualdad y el respeto mutuo, y no tiene nada que ver con los mitos románticos que se le atribuyen”, concluye  García Ramírez. Los estudios en esta línea llevan realizándose desde 2014, aunque en la actualidad se siguen recabando datos con estudiantes de otras facultades.

lunes, 19 de marzo de 2018

Las redes sociales son un factor de riesgo para la autoestima de la juventud.


La presencia de las redes sociales en la cotidianeidad ha puesto sobre la mesa nuevas formas de comunicación, acceso a la información e incluso ha sido la base del desarrollo de estrategias de trabajo en muchos campos como el de la educación. Sin embargo, también se han derivado una serie de problemas de su uso –o bien abuso–, sobre todo en aquellos segmentos de la población que están más expuestos.

Para la población joven, la incidencia de la publicidad en redes sociales sobre la concepción de la imagen propia y el aumento de la baja autoestima es mayor a medida que aumenta la frecuencia de conexión y el tiempo de exposición a redes sociales. Además de demostrar estos datos, el equipo de investigación de la Universidad de Córdoba ha comprobado a través de su estudio cómo estos efectos son más acusados entre las mujeres.
El estudio, dividido en tres fases, comenzó por una contextualización de la relevancia de los vídeos e imágenes en Twitter, Instagram, Youtube y Facebook. Así se pudo visualizar la repercusión de estos productos audiovisuales en la vida diaria de sus usuarios. En cuestiones cualitativas, destaca el marcado estereotipo de belleza que se promueve en esos productos haciendo hincapié en el caso de las mujeres.
En un segundo estadio, se diseñaron unas encuestas sobre autopercepción de la imagen corporal dirigidas a una muestra del alumnado de la Universidad de Córdoba con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. 
A pesar de que las mujeres encuestadas consideraban que la imagen femenina de los vídeos e imágenes publicitarias es extremadamente estereotipada e inclinada hacia una delgadez extrema, a la hora de señalar cuál era su imagen deseada su respuesta se acercaba bastante a esa imagen prototípica. Aunque se observó que los hombres también buscaban asemejarse más al cuerpo musculoso que se visualiza en la publicidad, su preocupación por llegar a ese 'ideal' no era tan significativa.
La diferencia parece residir en que, en el caso de la mujer, se partía con una menor autoestima y la constante exposición a esas imágenes de las redes implica un deterioro mayor en la autoestima y una necesidad de modificar su imagen.
Por último, y conectando la baja autoestima con los desórdenes alimentarios que se derivan de querer cambiar la imagen mediante purgas y hábitos poco saludables, se consultó a un grupo de profesionales de la salud y de la enfermería sobre la actualidad de esos desórdenes. Este grupo advirtió sobre el aumento de estos trastornos de la alimentación y evaluaron la publicidad como un factor de riesgo con un valor de 4,60 puntos sobre una escala de 5.
Con esta perspectiva, queda patente la necesidad de programas educativos que fomenten una relación más saludable con la alimentación y un refuerzo de la autoestima para que las personas más jóvenes puedan disfrutar de las ventajas de las redes sociales sin que estas se conviertan en un factor de riesgo.

Si estás interesado en conocer más sobre este estudio, este enlace te dirige directamente al artículo de investigación: